¿Somos anti-escuela?

Una vez puse un  pulpo en un garaje para ver qué sucedía. El bicho se mimetizó  con el hormigón del pavimento. Efectivamente, se perdía, como reza el dicho popular, pero no por estar fuera de su entorno, sino porque dejaba de ser visible, se fusionaba con el nuevo medio y sus contornos terminaban difuminados y confusos. Probé con otros pulpos, pero ocurrió lo mismo. Cuando gran parte del garaje estuvo invadido por los tentáculos, pensé qué ocurriría si ponía un ejemplar cocido, ya que la frase “Más perdido que un pulpo en un garaje”, no especificaba en qué estado tenía que encontrarse el animal. Cuando coloqué el bicho hervido  justo entre la maraña viscosa y el duro piso, un insultante bulto de tonos tintos y rosáceos saltó ante mis ojos reclamando atención como un cachorro hambriento. Esta vez, el proverbio no se cumplía.

 

CÓMO PREPARAR UN BUEN PULPO A FEIRA

1.

“Se coge un pulpo y se le rompen las fibras, sea por congelación o a base de golpes, así quedará más tierno”

 

Los niños se escolarizan a edades demasiado tempranas. Cuando entran por primera vez en una institución educativa el golpe es terrible para la gran mayoría. El panorama es desolador. Desaparecen de su campo de visión sus seres más queridos y se quedan a solas entre otros tantos niños de su misma edad y una o dos personas adultas, desconocidas, que les disponen  en fila y les conducen hasta un aula donde deberán comportarse como corresponde, es decir, no podrán correr a voluntad, no podrán comer cuando toque dibujar y deberán dormir cuando todos lo hacen. Es el primer paso de una “doma” sistemática que hará posible en un futuro la “enseñanza”, que no necesariamente educación.

Este niño no sabe con certeza si sus padres van a volver a por él, pero cuando lo hacen, suspira aliviado. El segundo día la historia se repite. El niño se da cuenta de que no ha sido un hecho aislado. Quizás empiece a manifestar su disconformidad con la situación, pero a la gran mayoría no le servirá de nada protestar. Unas veces porque los padres no pueden disponer de su tiempo, pues necesitan trabajar, otras veces porque se banaliza el sufrimiento del niño debido a su corta edad, quizás los padres estén firmemente convencidos de que el colegio le hará bien, después de todo está demasiado “enmadrado”. Por la razón que sea, si no se tiene en cuenta la opinión del niño, claramente se está dejando fuera de la ecuación al más interesado y su capacidad de decisión se ve claramente ahogada. Primer mensaje que se recibe en el colegio pues: “Tu opinión no cuenta y tus sentimientos no son lo suficientemente importantes”.

 

2.

“Se coge de la cabeza y se sumerge tres veces en agua hirviendo. Es lo que se conoce como asustar al pulpo. De esa forma la carne del animal no se contrae abruptamente y queda más tierno al tiempo que no pierde volumen”

Una vez que el niño ha entrado en la dinámica es conveniente hacerle seguir una serie de normas. Unas serán necesarias para el buen funcionamiento de toda comunidad, en este caso el colegio.  Otras, según mi opinión, se utilizarán para doblegar aun más la voluntad del niño. Se fomentará la competitividad entre ellos mediante diferentes sistemas. Según el criterio de un todopoderoso adulto (es decir, según su opinión y prejuicios personales), podrá ser castigado en la silla de pensar, versión refinada de las orejas de burro, o alabado su comportamiento con una carita sonriente que podrá lucir hoy, pero quizás no mañana. Poco importará que el interés del infante se centre en un tema, si hoy la lección es otra. Tendrá que posponer su curiosidad para aprender lo que es correcto, a saber, lo que alguien sentado ante una mesa, cree que deben aprender los escolares de una cierta edad. ¡Pobre del niño que quiera aprender algo de anatomía humana con seis años!, ¡tendrá que esperar otros seis para tocar el tema! (Eso, o pedirse para Reyes una Anatomía Humana, como hice yo).

Por cierto, ¿por qué el pulpo se sumerge tres veces y no dos o cuatro? El tiempo de cocción varía según el peso, pero no sucede lo mismo con las inmersiones. Tomo nota mental para investigar el tema.

 

 

3.

“Una vez el pulpo ya está asustado, se hervirá en agua sin sal dependiendo el tiempo, del peso del espécimen”

 

Hay colegios de todo tipo. No será igual el colegio al que asistió mi hermano, libre, con actividades como “Expresión corporal” al mío, donde he visto a profesores pegar a niños o me han prohibido hacer “marquetería” en vez de “labores” por ser de sexo femenino (y estoy hablando de los años noventa).

En una situación ideal, cada colegio trataría a cada niño según las necesidades de ese niño, pero por supuesto, el despliegue humano necesario para que esto sea posible no se da en ningún centro del que yo tenga constancia. Los hay más respetuosos con los ritmos infantiles, los hay que fomentan en mayor medida el juego libre, pero no hay ninguno capaz de brindar toda la ayuda y apoyo que necesita un niño para formarse globalmente.

La verdadera situación es que la mayoría de los padres no pueden elegir el colegio que quieren para sus hijos, simplemente porque no existe. Dudo mucho que haya un colegio que cumpla con las expectativas individuales de un padre en concreto y aunque así fuera dudo mucho que consiguiera plaza, según el sistema actual para la asignación de las plazas.

Hay que contar también con los valores, pues no sólo de materias puramente académicas vive el hombre.  ¿Quién garantiza a los padres que el profesor inculcará a su alumno unos valores y no otros?

Condensando mucho la idea, defiendo que los mejores profesores de un niño son sus padres; son los que mejor lo conocen y en los que más confía. La formación puramente académica está hoy en día al alcance de todos. Existen todo tipo de recursos en los más variados soportes a la espera de ser consultados por las mentes inquietas.

 

4.

“Una vez que el pulpo está bien cocido, se corta en pedazos de tamaño similar, y se aliña con pimentón, sal gorda y aceite de oliva”

Tras pasar por el colegio, todos los alumnos se parecen. La gran mayoría están saturados de materias, horarios, exámenes… Hace años que estudian para aprobar, no para saber. Tienen como único fin un futuro difuso en el que se ven con un título en la mano y un buen trabajo bien remunerado, relacionado con lo que estudiaron.

La realidad suele ser diferente. Al terminar sus estudios tardan mucho tiempo en encontrar un primer trabajo, que no suele estar relacionado con su preparación. El sueldo tampoco es ninguna maravilla. Su realidad no se solapa con sus sueños. Han pasado toda su vida retrasando sus intereses dedicados a las tareas escolares. Muchos de ellos habrán sufrido en su piel el hecho de ser manifiestamente diferentes. No conservarán buenas amistades del colegio. Tendrán buenos momentos que recordar, no lo dudo,  pues nadie es capaz de aguantar años y años de infortunios continuados, pero fuera del colegio también hubieran atesorado experiencias dignas de recordar.

 

Siempre he tenido un sentimiento ambivalente de aversión- envidia ante las personas que son felices con cosas sencillas, con ver su partida de fútbol, poder tomar su vermut los domingos, y, una vez al año ir a la playa de vacaciones con la familia. Y ya está. También me he preguntado en numerosas ocasiones si de verdad hay gente así o es un espejismo mío. Sé que la figura retórica del rebaño está muy usada, pero… ¡es tan gráfica! Me da la impresión de que a todos nos empujan en una misma dirección, por medio de una maquinaria cuyo funcionamiento no entiendo bien y cuya finalidad no alcanzo a adivinar. Me han aconsejado que no me lo cuestione todo, “cuanto más te informes más loca te vas a volver”, me han dicho que soy anti-sistema porque sí (cuando yo veo que “ellos” son pro-sistema por el mismo motivo)… resumiré ahora porqué soy anti-colegio:

 

–          Los padres somos los responsables de nuestros hijos, la educación es una gran responsabilidad que nos compete, por lo tanto no quiero delegar en otros esa tarea.

–          No me gustan las normas de las instituciones. Por la misma razón por la que no realizaría un trabajo altamente institucionalizado con una acusada jerarquía de poder tampoco me gustaría tener que llevar a mi hijo a un colegio a aprender a respetar unas reglas muchas veces arbitrarias. (Ej. No quiero que mi hijo tenga que pedir permiso para ir al baño y que además se lo puedan denegar).

–          No me gusta la idea de espacio cerrado, movilidad reducida, conocimiento compartimentado, ritmos de enseñanza uniformes. Lo sé porque lo he vivido.

–          No comparto esa manera de “aprender” de memoria. Desde luego, las cosas que mejor conozco y para las que estoy mejor preparada no las he aprendido en el colegio y son las que utilizo día a día en mi vida.

Tengo la sensación, por tanto, de que a mí personalmente, pasar todos esos años en el colegio no me ha servido de mucho y siento haber perdido tanto tiempo de mi vida allí dentro.

Soy anti-colegio, porque quiero que mi hijo disponga de todo ese tiempo para formarse como persona, a su ritmo y según sus propios intereses, que para mí tienen mucha más importancia que los contenidos que un señor del ministerio ha tenido a bien considerar fundamentales.

Siento mucho si mi postura radical ante este y otros temas ofende a alguien, pero por supuesto esto es un blog y no puedo ni debo ser imparcial.

 

 

 

 

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